Por: Jorge Lizarraga Torrico
A lo largo de la historia, se construyeron imperios y reinados, donde seres humanos, autoproclamándose con descendencia de dioses, lograron dominar y gobernar este mundo tan solo por el hecho de su linaje o descendencia monárquica o títulos comprados.
Hoy en día, la visualización e idealización de la monarquía se halla muy por debajo de la creencia inicial y peor aún, nadie puede hoy creer, menos asegurar, el origen divino del poder de los reyes, puesto que este sistema de poder ha sido eliminado con las revoluciones burguesas, dejando en algunos Estados, solamente como un símbolo a ser tomado en cuenta para consultar sobre ciertos protocolos diplomáticos, erogando gastos por su prevalencia consanguínea de realeza que jerarquiza a ciertos estados que conservan esta casta, que supo, además, establecer lazos fuertes con la iglesia, al responder en sus creencias hacia la forma de dominio fundado en la idea de que su poder respondía a los dictámenes celestiales.



























