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sábado, 18 de abril de 2015

Un ‘Jach’a Uru’ más

Por: Carlos Tudela Ocampo
En 1976, el grupo musical boliviano Ruphay lanzó al mercado la canción denominada Jach'a Uru (El gran día, en quechua) que versa sobre la llegada de un día de gloria y de unión de los pueblos. El nombre de esta canción es utilizado en la cotidianeidad como una expresión común en referencia a “un gran momento esperado por todos”.
 
Considerando este contexto, resulta curioso ver cómo al calor de los resultados de las elecciones subnacionales del 29 de marzo aflora una especie de tsunami mediático, conformado por una serie de opiniones vertidas por actores del espectro político y periodístico, y también por gente afín a los partidos políticos de oposición que afirman que Bolivia está viviendo un punto de inflexión en el escenario político, en el cual hay un triunfo contundente de la oposición frente al oficialismo, y que en esa lógica, el actual partido de gobierno y su administración habrían ingresado en una especie de apocalipsis. Es decir que para estas personas, el Jach’a Uru de la oposición ha llegado.

Sin embargo, más allá de esta algarabía triunfalista, corresponde analizar si realmente este Jach’a Uru de la oposición determina un punto de inflexión en el escenario político de nuestro país, o si solamente se está confundiendo un panorama político y económico nacional con una coyuntura eleccionaria. En ese sentido, no habrá que perder de vista que el partido oficialista mantiene su característica de ser el único que tuvo una efectiva participación en el ámbito nacional, mientras que la oposición no ha logrado trascender más allá de sus márgenes territoriales.

Hablar entonces del triunfo de una “oposición subnacional”, capaz de reorientar los rumbos del país, más aún cuando es evidente que no existe una oposición única y articulada, sino varias oposiciones y muchas de ellas en oposición, ingresa en el ámbito de la subjetividad y la especulación, teniendo en cuenta por otra parte que existe una carencia de homogeneidad en sus líneas políticas y sus ejes programáticos.

Asimismo, la diversidad de orientaciones políticas, junto a la evidente feudalización del poder que supondrá la entronización de estas nuevas autoridades regionales en sus ámbitos territoriales, aparejado con la inmensa cantidad de promesas electorales que acompañaron las postulaciones, definitivamente echa por los suelos aquella vieja lógica de articulación política que rezaba: “El adversario de mi adversario podrá ser mi aliado”.

En este sentido, habrá que ver, pues, si estos himnos triunfalistas que hoy se están cantando en la oposición y que anuncian que su Jach’a Uru ha llegado no se van a convertir más adelante en el preludio de la construcción de una oscura y peligrosa Torre de Babel.​

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