Por: Samuel Alarcón Gambarte
Los economistas tenemos la férrea costumbre de responder a toda pregunta con una sola respuesta: “Depende”, y este caso no es la excepción. Cabe recordar que no es correcto calificar los déficits fiscales como algo “bueno” o “malo” porque solo reflejan un registro contable, sin embargo, los economistas aprendimos que no todo superávit fiscal es algo saludable así como no todo déficit implica necesariamente un síntoma negativo para una economía. En este sentido, que un déficit fiscal sea saludable o no depende principalmente de tres determinantes: las causas, las fuentes de financiamiento y su persistencia en el mediano y largo plazo.
Desde el punto de vista de las causas, los déficits no saludables ocurren cuando el Gobierno incrementa el gasto corriente por encima de los ingresos. Por otro lado, los déficits saludables surgen cuando se incrementa el gasto de capital y si se administra con prudencia estas nuevas inversiones generarían un aumento en los ingresos en el futuro provocando un potencial superávit.











