Por: Sergio Colque
Últimamente han salido a la opinión pública algunos artículos tendenciosos que hacen creer que la deuda externa en Bolivia es un “problema serio para la economía”; que de continuar recurriendo a préstamos externos, “comprometerían” al país; y que deberíamos preocuparnos. Estas apreciaciones, además de estar distantes de la realidad económica, parecen recordar viejas añoranzas de un pasado neoliberal que esperemos nunca más se repita, donde Bolivia era catalogada como una nación pobre; se ubicaba entre los países más endeudados de la región, con niveles insostenibles de endeudamiento; y donde los recursos externos que se obtenían eran condicionados a la implementación de políticas sin efectos positivos para la economía nacional.
Últimamente han salido a la opinión pública algunos artículos tendenciosos que hacen creer que la deuda externa en Bolivia es un “problema serio para la economía”; que de continuar recurriendo a préstamos externos, “comprometerían” al país; y que deberíamos preocuparnos. Estas apreciaciones, además de estar distantes de la realidad económica, parecen recordar viejas añoranzas de un pasado neoliberal que esperemos nunca más se repita, donde Bolivia era catalogada como una nación pobre; se ubicaba entre los países más endeudados de la región, con niveles insostenibles de endeudamiento; y donde los recursos externos que se obtenían eran condicionados a la implementación de políticas sin efectos positivos para la economía nacional.










