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jueves, 18 de febrero de 2016

Aprendamos de la Historia

Por: Omar A. Yujra Santos
Desde la fundación de Bolivia tuvimos alrededor de 90 periodos de gobierno, sin contar las juntas militares; aunque la lista es grande con mucho trabajo se pueden enumerar a unos cuantos que han marcado un hito positivo en nuestra historia, que hicieron o querían algo mejor para el país, en cuyo caso la injerencia externa, conspiraciones, calumnias y demás guarros siempre estuvieron presentes.

En 1826, durante el Gobierno de Antonio José de Sucre, el Imperio Británico instruyó a Ch. M. Rickerts, cónsul general inglés en Lima, la elaboración de un estudio completo sobre el estado en el que se encontraba la minería en Bolivia, para que sirva de guía a la política exterior de Inglaterra. Con este encargo el Cónsul envío a J. B. Pentland con la siguiente instrucción: “(…) una relación del número y capacidad de las minas, con referencia a la ventajas de la maquinaria y la probabilidad del empleo de capital británico para trabajarlas”.

Pentland recomendaba: “El capital británico puede ser invertido con ventajas muy grandes en las minas de Bolivia”; asimismo, mostraba la debilidad de la estructura del comercio internacional en el puerto de Cobija, en relación a Arica (Perú) y Valparaíso (Chile), las minas eran bolivianas jurídicamente, pero los minerales no. Esto resulta importante para entender que intereses chilenos se apoderaron de Atacama, Cobija y finalmente todo el Litoral.

En 1834, B. Martigny presentó sus credenciales, al Gobierno de Andrés de Santa Cruz, como Encargado de Negocios y Cónsul General de Francia en Bolivia, casi al mismo tiempo hizo un informe a su gobierno señalando: “La oposición al tratado fue tan general y tan violenta que (Santa Cruz) ha creído no poderlo defender sin comprometerse con la clase numerosa y bastante importante de los comerciantes, y aun a los ojos de la mayoría del Congreso”. “Este pueblo no está preparado por la educación (…) para un sistema de orden y libertad (…) la masa de los habitantes es en Bolivia profundamente ignorante”; estimaba que la población estaba compuesta por 1 millón de habitantes, de los cuales 700 mil eran indios que no sabían leer, escribir ni hablar español. “Casi todos los demás son cholos un poco menos estúpidos que los indios, que viven en la ignorancia y los vicios”.

Desde luego estas apreciaciones obedecían a que sus negociaciones en Bolivia no marchaban bien, por ende también arremetía contra el presidente Santa Cruz. “El cura, el gobernador y el corregidor son los encargados de hacer las elecciones y estos dependen del Poder Ejecutivo”; también manifestaba que “las libertades, individual y de prensa están en manos del gobierno”. (Albarracín, 2002).

En los últimos 10 años es innegable, hasta para el más recalcitrante opositor, que Bolivia ha cambiado en cuanto a los resultados obtenidos en materia económica, política y social, cuyo modelo es objeto de estudio en prestigiosas universidades del mundo.

Pasaron casi dos siglos y las cosas poco han cambiado, en todo caso corresponde al ciudadano decidir si quiere seguir avanzando o por el contrario repetir los malos resultados que la historia nos enseñó.

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