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jueves, 25 de abril de 2013

Bolivia y Venezuela: Semejanzas y diferencias de dos procesos revolucionarios

Por: Omar R. Velasco Portillo
Es muy frecuente escuchar hablar de Bolivia y Venezuela como dos caras de una misma moneda, por la proximidad ideológica con la que han encarado sus procesos de liberación de sus pueblos, la dependencia económica sobre los recursos naturales no renovables, la implementación de políticas sociales a favor de los más pobres y su lucha marcada contra el imperio del norte.

No obstante, lejos de ver estos países como símiles representantes de la izquierda latinoamericana, se observan marcadas diferencias que vale la pena poner a consideración de los lectores.

La desaceleración en el crecimiento económico en Venezuela ha sido constante, de un promedio de 7,9% en el periodo 2003-2007 a 2,1% en 2008-2012, mientras que Bolivia muestra niveles de crecimiento sostenidos en los últimos 5 años en torno a 4,8% en promedio.

Ésta caída del crecimiento venezolano ha estado acompañada de un conjunto de indicadores macroeconómicos negativos los cuales se pase a explicar brevemente.

Existe un elevado aumento del consumo y la demanda interna que representan en promedio 88% y 128% del producto respectivamente, en el periodo 2008-2012, el cual está siendo financiado con importaciones con recursos provenientes de la actividad petrolera.

Los precios internacionales han favorecido el resultado superavitario de la balanza de pagos venezolana, la cual no obstante, se ha ido reduciendo debido al recurrente déficit en la cuenta capital y financiera por la creciente posición acreedora del sector privado principalmente a partir de 2004.

El régimen cambiario ha sufrido sustanciales variaciones. En enero de 2010 la devaluación fue del 100% y más recientemente, 46% en febrero de 2013; sin embargo, con estas medidas se ha ampliado la brecha con el tipo de cambio paralelo. Además, el régimen de tipo de cambio diferenciado entre exportadores e importadores por su estructura encarece las importaciones haciendo más costoso su financiamiento.

Estas devaluaciones, así mismo han exacerbado el nivel de precios vía traspaso especialmente de alimentos puesto que Venezuela importa estos bienes en una magnitud importante. Este hecho suma al los fuertes crecimientos interanuales de la base monetaria, especialmente en 2012, originados por el mayor financiamiento del Banco Central con crédito al sector público No Financiero (384% de crecimiento en 2012) constituyen fuentes que han presionado la inflación en ese país que sobrepasa el 20% interanual desde hace buen tiempo.

Desde 2006, el sector público registra déficit crecientes resultado de menores ingresos y mayores gastos. En 2012, se estima déficits superiores al 10% del PIB, que esta presionando la deuda pública externa e interna. Según el FMI, para 2012 la deuda pública como porcentaje del PIB alcanzó a 56%, ratio que se encuentra por encima de los parámetros de la CAN y del MERCOSUR.

Bolivia, en contraste a todo lo expuesto, ha mostrado un desempeño macroeconómico destacable productos de las buenas políticas implementadas en el país, posicionándose como uno de los países en la región con mejores indicadores de crecimiento económico, estabilidad financiera y sostenibilidad fiscal en los últimos años. Así lo demuestra el crecimiento permanente de los créditos y depósitos en los bancos, el bajo índice de dolarización, la estabilidad de precios, el aumento de las reservas internacionales, los permanentes superávits fiscales desde el año 2006, así como la reestructuración de la deuda interna y externa permitiendo al país el acceso a crédito a tasas más bajas y a plazos más largos.

Sin el ánimo de apologizar el modelo económico boliviano, valdría la pena que el nuevo presidente venezolano, Nicolás Maduro, que acaba de asumir el poder recoja la experiencia boliviana para el manejo macroeconómico de su país.

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